domingo, 9 de noviembre de 2008

        IMPLICARME PARA APRENDER

Conferencia del Dr. Jorge Carvajal P. en grupo de apoyo terapéutico Medellín-Colombia

 Cualquier cosa, te permite hacer aflorar tu conciencia profunda cuando la observas creativamente.

 Muchos de los adivinos lo que hacen es eso: proyectan –a través de la visión del cigarrillo, del Tarot o de cualquier otra cosa– la conciencia de la gente y se dejan llevar creativamente. No es cierto que sea un libreto que tienen creado ni es cierto que una cosa siempre equivalga a otra; es decir, que ahí no hay un código de lectura rígido, por eso es creativo. Pero es importante que no se dejen llevar por una creatividad extrema, porque caen en exceso de subjetivismo lo cual impide ser objetivos y les hace perder el contacto con la realidad.

 La conciencia es algo para entrar en contacto con la realidad o para perder contacto con ella; pueden ocurrir ambas cosas si no la sabemos utilizar con responsabilidad. Nos volvemos brujitos y vamos a leer en las plantas, en las nubes, en el café o en el cigarrillo lo que es la vida y, realmente, la vida la podemos leer de otra manera, es decir, cuando somos conscientes no tenemos que recurrir a ese tipo de cosas. La vida la podemos leer en los ojos de una mujer, en los eventos de la vida cotidiana, la podemos leer en la prensa… ¿por qué no leen la prensa? A veces creemos que entrar en contacto con la realidad se da sólo a través de cosas medio esotéricas; pero ¿por qué no leemos la prensa? No es una crítica, es algo muy bello y creativo. Nos permite aflorar un sector de la conciencia, pero ese sector no es la conciencia ni es toda la conciencia, nos permite ampliar la banda pasante que es lo que hace un aprendiz, esa es la actitud de un aprendiz.

 

El aprendiz ve las cosas de una manera y va aprendiendo a verlas de muchos modos hasta que aprende a verlas desde el centro. En el centro uno ve las cosas de todos modos, es decir, siempre puede ver y entrar en contacto con la realidad; esa es la actitud del aprendiz y eso necesita mucha humildad. Humildad quiere decir que la verdad que descubrimos ahí, es relativa, que esa verdad no es la verdad, es una verdad relativa a un sujeto que observa y ese sujeto que observa es el aprendiz y, en última instancia, el aprendiz es el alma en nosotros.

 Ese ejercicio es importante porque una cosa puede tener muchos códigos de lectura, es decir, muchos sellos, muchos misterios guardados, muchas maneras de verla y nosotros podemos abrir uno u otro código. De hecho miren un libro: ustedes leen un libro que les gusta, lo leen una vez y entienden una cosa, lo leen un año después y entienden otra, a los 10 años entienden otra, y así… Hay libros que ustedes nunca acaban de leer, porque cada vez que lo leen es un personaje nuevo el que lee, simplemente es un observador que está en un lugar diferente, que tiene un código de lectura diferente. Lo importante de aprender es que tenemos distintos códigos de lectura y que ellos cambian y que cuando cambian, cambia lo que aprendemos y varía el significado de lo que aprendemos.

 Un ejemplo: yo voy a aprender de mi relación con la mujer. Entonces aprendo consiguiéndome la primera noviecita y empiezo a aprender y tengo una visión del mundo del amor que es totalmente diferente según la experiencia; pero esa experiencia me marca porque es el primer paso para las visiones que voy a tener después. De tal manera que después, yo veo, no la primera novia, sino la prometida, la mujer de mi vida y no puedo no verla sino a la luz de esa experiencia previa; si no soy consciente de esto, la experiencia previa me hace de tal manera prisionero, que yo no puedo aprender la lección de la nueva relación. Pero si yo soy consciente de esto, permito que esa experiencia previa me enriquezca la nueva relación y no la aprisione o la limite; y es ahí donde está lo que les decía de la utilización de la conciencia. Yo puedo ser consciente de una relación dolorosa para trasladar el dolor a todas las otras relaciones, pero puedo ser consciente de esa relación dolorosa para aprender la lección y no caer en el antiguo sendero del dolor. O sea, que son el mismo evento o los mismos eventos pero con significados muy diferentes, con códigos de lectura diferentes porque están vistos desde un lugar o una postura que es el observador, que es diferente.

 Eso significa que cuando no aprendemos la lección hay que cambiar de postura; cambiar de postura es cambiar de lugar desde el punto de vista psíquico, que es cambiar de actitud. Cuando yo cambio la actitud con la que me relaciono u observo un fenómeno, puedo aprender lo que no he aprendido hasta ahora.

 Luego, si tenemos relaciones que evocan emociones negativas o destructivas, estamos a un paso de cambiar ese tipo de cualidad de la relación y su destructividad, simplemente cambiando nuestra actitud. No es cambiar de relación, no es cambiar los personajes sino cambiar de actitud; es mucho más simple cambiar de actitud que cambiar los personajes que se están relacionando. Normalmente nosotros tenemos tendencia a personificar, a vivir desde las personas o desde las máscaras, a desplazar los sujetos con los que nos relacionamos; pero no a desplazar el código de las actitudes con las cuales vivimos esas relaciones.

 Vamos a hacer un ejercicio: recordemos todos en el papelito, en la mente, en la imaginación una relación negativa, aquellas relaciones que evocan en nosotros sentimientos reactivos, defensivos, resentimientos, miedo, reacción de fuga o ataque, todos las hemos tenido. Ahora vamos a tratar de fijar esa relación y vamos a aprender, porque podemos aprender en cualquier momento. Esa relación viene de nuestro pasado y está enturbiando nuestras relaciones en el momento presente porque se está proyectando y perturbando la manera como nos relacionamos hoy. Vamos entonces a observar la actitud desde la cual vivimos esa relación y vamos a describirla: es una actitud de ataque, es una actitud de resistencia, es una actitud de miedo, es una actitud defensiva, es una actitud de inquietud, de ansiedad, de angustia… o, ¿cuál es nuestra actitud? Vamos a vernos nosotros mismos en esa relación en el pasado y vamos a ver cuál ha sido nuestra actitud; si no descubrimos la actitud no aprendemos existencialmente.

 El aprendizaje de la vida es existencial, no es teórico; pero esa existencia se refleja en actitudes que nosotros tenemos frente a los otros en la relación; nuestra existencia se refleja en la relación, en el trato. Entonces vamos a ver, cuando nuestra existencia ha sido negativa ¿cuál ha sido nuestro punto de partida? Es decir, ¿nuestra actitud? Esa actitud determina nuestro código de lectura y el código de lectura determina los significados.

 Muy bien. Vamos a ver entonces quién descubrió algo. No tiene que describir la relación, no vamos a personificar ni a hacer chismes, la biografía de cada quien es su biografía; vamos a descubrir la actitud en la relación. ¿Quién descubrió esa actitud cuando una relación es negativa o fomenta emociones destructivas? O, ¿qué actitud tenía cuando se estaba relacionando?

 –Participante: Yo descubrí en mi relación una actitud inicial de ataque y en este momento, en el presente, es de separación, de aislamiento.

 ¿Y qué opinas de esas dos actitudes? ¿Son constructivas, son positivas, a dónde te llevan? ¿Has podido construir relaciones importantes? ¿Cómo las ves? ¿Son un lastre, fueron útiles, te aportaron una lección?

 –Para mí, esos momentos fueron muy destructivos.

 Muy bien, ¿y crees que puedes cambiar esa actitud?

 –De poder, sí; creo que sí.

Entonces, desde hoy debes proponerte cambiar de actitud.

 La máxima actitud del ser humano es que puede cambiar de actitud, es ahí donde nos revelamos como seres humanos. No podemos cambiar el mundo ni la manera de pensar de los otros, ni siquiera de nuestros hijos, tampoco de la señora con quien dormimos todas las noches… Pero nuestra actitud, ¡esa sí la podemos cambiar!

 A veces el mundo es pesado porque pretendemos cambiarlo todo, menos lo más fácil de cambiar y lo que más profundamente podemos cambiar es nuestra actitud. En la actitud se expresa nuestro grado de libertad y éste es un indicio de nuestro grado de humanidad. ¿Qué tan humano eres? Eres tan humano como libre. ¿Qué tan libre eres? Eres tan libre como tu capacidad de seleccionar, de optar por una actitud.

 En términos humanos, sólo existen dos actitudes posibles: una, es una actitud reactiva es decir, reaccionamos frente al mundo de tal manera que la actitud reactiva es automática, es inconsciente y siempre es destructiva. Aprendamos una cosa: todo lo inconsciente es destructivo; allí donde entramos en relaciones destructivas y de manipulación, es porque perdimos la conciencia, hemos sido inconscientes. Cuando alguien dice: es que mi mujer es muy manipuladora; ella es manipuladora porque es inconsciente y tú te dejas manipular porque eres doblemente inconsciente. Si tú fueras consciente, no estarías hablando así de tu mujer; comprenderías y no juzgarías. Y aunque ella manipulara, no tendría a quién manipular porque conscientemente serías transparente a la manipulación; pero si eres inconsciente, te resistes a la manipulación.

 La otra actitud es de fuga: la respuesta de fuga es una respuesta inconsciente, es reactiva y automática, nos repetimos inconscientemente y nos volvemos víctimas de ese repetirse… En ese momento creamos Karma, ese es el Karma. La gente cree que el Karma es una cosa por allá misteriosa, no; Karma es lo que creamos todos los días con nuestra inconciencia. Creamos Karma cuando tenemos actitudes reactivas, automáticas, inconscientes frente a los eventos; y esas actitudes reactivas e inconscientes tienen un sólo punto de partida y es el miedo.

 El miedo es la madre de todas las actitudes que generan relaciones negativas o traumáticas. La agresividad es la máscara que se pone el miedo; pero la desconfianza, la angustia, la duda, la ansiedad, el separatismo, todas esas cosas… son productos del miedo.

 Y tenemos otro tipo de actitudes en términos humanos, que son de responsabilidad. En la actitud reactiva mi sensibilidad es casi química, como la de un reactivo químico; y en la actitud responsable mi sensibilidad está dada por la capacidad de responder consciente y adecuadamente, aunque el evento sea traumático o negativo.

 ¿Qué ocurre entonces en nuestro pasado? ¿De dónde viene el dolor? De actitudes irresponsables, es decir, reactivas, inconscientes y automáticas. Cuando, en lugar de ser humano yo soy un autómata, soy un irresponsable porque voy a merced de los eventos, no soy creador de ellos sino que soy víctima de ellos. Todas las personas irresponsables son víctimas de los eventos y toda víctima de los eventos lo es por inconciencia; porque si fuéramos conscientes ya no seríamos víctimas. ¿Qué quiere decir eso? Que vivir es aprender. Pero cuando no somos conscientes, no aprendemos, dejamos de vivir; literalmente nos estamos muriendo y nuestras relaciones están hechas de muerte. A esa muerte la llamamos juicio, la llamamos prejuicio, la llamamos rutina, separatismo, huida, ataque… pero esas son variedades de la muerte en la relación.

 Las relaciones vivas son responsables porque son conscientes, quiere decir, que si vivir es aprender, no es posible aprender sin responsabilidad y sin conciencia. Eso significa que para ser aprendiz, es decir, que para aprender cuál es mi proyecto de vida, tengo que saber que aprender es vivir. ¡Qué más proyecto de vida que la vida misma, que vivir intensa, digna y humanamente; eso significa aprender!

 Pero, aprender significa encender el fuego del corazón, porque solamente desde el amor podemos ser conscientes. Y allí donde no existe el amor existe el miedo, que es una expresión terrible de nuestra inconciencia; entonces miren que es muy sencillo: aprender no es simplemente estudiar, porque yo puedo estudiar como un autómata y repetir. Aprender es encender un fuego, el fuego del amor que nos permite ser hermandad con responsabilidad; entonces aprender es el proyecto de vida. Vinimos a aprender; pero aprender es encender un fuego y ese fuego lo encendemos cuando vivimos con amor.

 Vamos a ser más radicales todavía: sin amor es imposible aprender. Porque yo solamente aprendo lo que comprendo y lo que comprendo se encarna en mi vida, se vuelve carne y sangre, se vuelve huella interior, me determina. Somos excelentes entendedores, pero no hemos aprendido nada con entender; porque si el corazón no se involucra, el entender es destructivo. De hecho, somos tan inteligentes como destructivos, entendemos todo pero no comprendemos nada y, obviamente, aprendemos mucho menos porque no hemos involucrado el corazón en nuestras acciones. Se trata entonces de poner el corazón.

 El corazón es el aprendiz, porque desde el corazón aprendemos existencialmente; se trata de aprender con todo nuestro ser, con toda nuestra existencia, para que existencia y esencia no estén disociadas. Hemos disociado el ser del existir, y eso nos ha llevado a un camino esquizofrénico. Se trata de que, todas aquellas cosas que yo conozca, las conozca desde la vida, las conozca existencialmente; porque no hay mentira mayor que el dogma más hermoso de la ciencia, de la filosofía o de la religión que no se haya encarnado en el corazón: si no es sangre viva en la vida, toda verdad es una mentira, aunque sea una verdad muy bonita desde afuera. Ese es el misterio del aprendiz. Todas las cosas que nosotros aprendimos se perdieron cuando no las encarnamos; pero cuando las encarnamos, se vuelven un acto original y a eso lo llamamos la vía del artesano. A mí me gusta mucho la palabra artesano, porque es un arte sano; y lo que es sano es íntegro, y lo que es íntegro es sabio, y lo que es sabio es un arte porque, en términos humanos, es original, auténtico.

 Un artesano es aquel que es original, aquel que sabe crear algo nuevo con la misma materia prima que todos tenemos. Aprender a vivir es aprender a ser originales, artesanos de la propia vida, vivir la vida como un arte original, no como autómatas, repitiéndonos; y tal vez ese es el mejor proyecto de vida. El mejor proyecto de vida es aquel que puede empezar ya. Si ustedes están haciendo un proyecto de vida de aquí a 20 años, cierren el libro porque desde ya se están muriendo, están hipotecando la vida en el futuro y es preferible que no hagan ningún proyecto y simplemente vivan. El proyecto de vida comienza ahora y aquí, ya, en un arte de vivir original.

 –Intervención: ¿Encarnar es lo mismo que asumir?

 A ver. Asumir es un término muy intelectual todavía; decir: yo asumo… No; hay una forma de asumir que es implicarse, porque yo puedo asumir explicándome. Pero si yo voy más allá del asumir en la explicación y me implico, me comprometo, eso ya es una vía interior. Cuando todo aquello que tú ves se vuelve una vía interior, empiezas el sendero de la realización; te asumes pero te asumes internamente porque te implicas. Y es bien claro, para realizarse se trata de aplicar muchas cosas en la vida, de exteriorizarlas; pero ninguna cosa se puede realizar correctamente si uno no está implicado de corazón, con toda su vida: eso es asumirse interiormente; ésta es la mejor forma de ser responsable. Si uno se asume interiormente, se implica; y si uno se implica, es responsable no sólo intelectualmente, no sólo legal ni socialmente, sino con todo su ser, con toda su existencia: se trata de que nosotros ¡respondamos con la vida!

 Tenemos ahora algo un poco más avanzado sobre el proyecto de vida: ser aprendiz es ser responsable. Sólo somos responsables cuando encendemos el fuego del amor en el corazón y nos implicamos desde la vida, toda la vida.

 Vamos a hacernos unas preguntas para poder seguir en el sendero del aprendizaje: ¿cuándo voy de la explicación hasta la implicación? El verdadero Aprendiz se implica con su vida. Cuando me quedo solamente en el mundo de las explicaciones, que es el mundo de las justificaciones, el mundo de Pilatos, me lavo las manos, busco un chivo expiatorio. Pero cuando me implico, no necesito justificarme porque asumo aquello que hago o digo con mi vida; no con palabras ni con justificaciones, sino desde el silencio, con una actitud interior que implica mi vida.

 ¿Cuándo aplicamos aquello que nos hemos explicado? Existe un problema muy grave en el aprendizaje de la vida y es que, uno no aprende, si no aplica. Imagínense que yo aprendiera cirugía sin operar: uno aprende cirugía operando; imagínense que yo aprendiera a nadar simplemente explicándome… si no aplico lo que me explico, pues, obviamente, no aprendo a nadar nunca. Es haciendo como el hombre aprende, como el artesano aprende. Ningún artesano aprende mucho de teoría, él aprende con sus manos, con sus movimientos, con su vida; él no explica: él muestra resultados. Entonces, es haciendo como se aprende. Y un buen artesano es el que hace desde el Ser. Él está haciendo, pero está siendo; si uno no es en el hacer, está perdido, porque el hacer se vuelve algo externo y sin sentido. El hacer es la mejor estrategia de aprendizaje: si usted quiere aprender, hágalo, no se lo explique tanto en palabras, no estudie tanto, ¡hágalo! Estudie, explíquese pero ¡implíquese y hágalo!

 No obstante, existe un salto mortal en la vida. Lo que yo llamo un salto mortal es hacer un corto circuito y saltar el abismo que existe entre la explicación y la aplicación; sin implicarse, esto es suicida. Entonces en la vida hay muchos suicidas: no hemos triunfado, no nos hemos realizado, damos vueltas por aquí y por allá, nuestras acciones son poco efectivas y es, simplemente, porque tenemos una muy buena teoría: nos hemos explicado pero no nos hemos implicado; y sin implicación, toda aplicación está fundada en el vacío, no tiene raíces, no tiene poder y no tiene sentido. Por eso nuestras acciones, nuestras aplicaciones no llegan a ninguna parte y vivimos frustrados, sencillamente porque no hemos comprometido la vida en ello.

Se trata entonces de comprometerse. Aprende quien se implica; quien no se implica entiende, pero disocia su cabeza de su corazón y termina en una esquizofrenia mortal, disocia su alma de su personalidad: le vende su alma al diablo. En la vida tenemos una cosa fundamental que es aprender; pero tenemos que aprender a aprender, y no es posible aprender sin implicarse.

 Miremos entonces, esta otra pregunta: ¿Me implico? Porque yo puedo dar muchas explicaciones, todas las justificaciones y lavarme las manos; pero si no me implico, no tengo derecho a hablar, porque eso no tiene raíz ni es la verdad, es apenas una explicación.

 Lo que no tiene raíces en el corazón puede ser correcto pero no es cierto; de lo correcto a lo cierto hay una enorme diferencia. Si nosotros en nuestra cultura lo reconociéramos, seríamos auténticos. No somos auténticos porque somos muy correctos pero no estamos en la verdad; porque la verdadera verdad sale del corazón, viene de tu vida; y es esa vida la que se implica para que tus explicaciones tengan raíces. Y si tus explicaciones tienen raíces, tus acciones tendrán frutos, porque ningún árbol sin raíces da frutos.

 Entonces nosotros miramos nuestros frutos verdes, nuestros frutos que no alcanzaron a madurar, nuestros árboles que no se alcanzaron a cosechar. ¿Dónde está la cosecha de la vida?  En la raíz. Y la raíz es el Ser, y el Ser es la implicación: es implicarse hasta los tuétanos aunque nos cueste la vida, de eso se trata. No se trata entonces de tener un basurero de explicaciones, de entendimientos, de conocimientos; bastaría una sola verdad intensamente vivida para que nuestro corazón tuviera la fuerza de la realización que necesita.

El Dr. Jorge Carvajal, médico colombiano, es creador del enfoque terapéutico conocido como Sintergética, la cual es una visión de síntesis de los diferentes paradigmas médicos, que implementa la práctica de la medicina de la conciencia. . Mayor información puede encontrarse en la web: www.davida-red.org

 

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