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miércoles, 7 de diciembre de 2011

La espiritualidad y la crisis,


por Ángeles Román


Vamos a introducirnos en lo que significa sintonizar con nuestra matriz espiritual y desde ese ámbito como entender las crisis, para poder trascenderlas, ya sean estas personales, comunitarias o de civilización como sucede en este momento histórico. 

El grado espiritual no significa estar más allá, significa estar más adentro, con uno mismo, con los otros, con la naturaleza y con una energía superior, cualquiera sea la concepción que tengamos sobre ella. 

Sentirse espiritual consiste en tener una relación de presencia con la vida, no de superficialidad. La espiritualidad no tiene que ver con las creencias, sino que es una experiencia vital de encuentro, de gustar todo lo que existe, es una experiencia interior. Lo que nos distingue a todos los seres humanos es el modo en que estamos plantados en la vida, esto significa la consistencia que vamos a tener en las crisis de la existencia y dependerá de los valores por los cuales nos orientamos cada uno.  

Para observar los valores que rigen nuestras vidas y si es necesario cambiarlos, debemos encontrarnos primero con nosotros mismos, vencer las barreras de la dispersión y la consigna es conocer nuestro interior para transformar el exterior. Sino seremos como hojas al viento dejándonos llevar por los vaivenes de las circunstancias. 

Cuando estamos bien anclados, las respuestas llegan desde la profundidad. 

El primer paso hacia el encuentro espiritual es con uno mismo y consiste en tener espacios de soledad, que es diferente a ser solitario (sin los otros); soledad significa poner sol a la edad, iluminar la vida, es un retorno al ser y ello se logra en el silencio, aunque sea por breves espacios de tiempo, cuando se logra, sobreviene la serenidad, cerrar los ojos, estar presentes en el instante y dejar que se alejen los pensamientos como pájaros que buscan emigrar. Desde el interior surge la claridad para llegar a ser auténticos, el sentir, pensar y hacer en una misma línea de coherencia, no es fácil, pero desde lo profundo comienza el camino. 

El segundo paso del encuentro espiritual es con los otros. En las relaciones con los demás es importante sostener la transparencia, es una actitud de apertura mental, lo contrario son relaciones de apariencia; además requieren de ternura, o sea desde el corazón, lo contrario son relaciones de frialdad; y por último necesitan de tiempo, pues lo contrario es el apuro, es decir sin pureza. Convivimos con los otros, ya establezcamos vínculos profundos o vivencias fugaces, aunque sea en un saludo podemos imprimir profundidad. La diferencia de como nos comunicamos marca las relaciones de comunión o de superficialidad. El compartir vivencias nos enriquecen, en las relaciones de comunión se establece un intercambio de energías sutiles, desde la mirada o el tono de la voz o simplemente con la sonrisa. 

Del contacto espiritual con la naturaleza, nace la humildad ante su grandeza, (humildad de humus, tierra), es un profundo sentimiento de comunión con el cosmos, es sentirnos parte de algo mayor, lo contrario es que aún estando en lugares frente a la inmensidad natural, sigamos encerrados en los pensamientos y perdamos la vivencia del asombro, no salimos de las sombras. 

La comunión con la fuente superior, no importa cual sea nuestra concepción de ella, no tiene que ver con los sentidos externos, son otros los sentidos por los que llegamos al encuentro de lo sublime, es sentir en todo el universo, en la naturaleza y en todos los seres la presencia de un orden superior. 

Podemos decir que nos hacemos sabios cuando aprendemos a saborear la vida y el mundo de intereses en el que vivimos se irá suplantando por un mundo de presencia. 

Ahora bien, nos plantamos en la vida de un modo más débil o más fuerte, desde allí es como afrontamos las crisis que nos llegan, cualquiera sea su índole, la fortaleza no tiene que ver con voluntarismo o intolerancia, sino con una confianza en el despliegue de la vida y esta confianza es de orden espiritual. 

Crisis no es sinónimo de drama o ruptura, es sinónimo de oportunidad y transformación. Las clasificadoras actuales bajan el pulgar a un presidente, a un país entero, Grecia, donde el sol es radiante, tan nublada por la crisis sistémica actual, la cuna de la democracia, y la gran paradoja, Grecia está sufriendo (como muchos otros países) ¿Dónde está el gobierno del pueblo y para el pueblo?. 

Aceptar la crisis actual, no es resignarse, aceptar es ver la realidad, de la aceptación deviene la fuerza interior, como en cualquier hecho que trae aparejado dolor, buscamos un sentido al mismo, y desde allí se emprenden los cambios. 

Una actitud con la vida nutrida de espiritualidad conduce a ver la realidad y a su transformación. Una política alternativa quizás está en nuestras manos. 

Cada instante es único, cada circunstancia también y los actores involucrados que somos todos, actuaremos según el grado de compromiso que tengamos con la vida. Ese grado depende de la apertura de cada uno, por eso es fundamental abrirnos a nuestro ser espiritual que tiende hacia la unicidad con todo, de este modo entraremos en sintonía con la intuición, ella es la guía de la existencia. 

Existen dos ejes fundamentales para poder percibir la intuición, ellos son, en primer lugar, la atención al presente, así se sale del pensamiento lineal pasado-futuro y nos vinculamos profundamente con la vida, y en segundo lugar, en cada escena de la vida, mirar por el bien común, ello nos lleva a salir de la intención del yo hacia el nosotros. 

Cuando escuchemos, cambiaremos, cuando cambiemos, el mundo entero cambiará. 

Una enseñanza sufí nos dice: Dios duerme en la roca, 
                                          sueña en la planta, 
                                          se agita en el animal 
                                          y despierta en el hombre. 

Que todos despertemos a la matriz que nos habita. 


miércoles, 11 de marzo de 2009

"Todavía no ha cambiado de paradigma?"

Posted: 10 Mar 2009 12:06 PM PDT

ENTREVISTA: Carreras & capital humano EDWARD DE BONO Experto en pensamiento creativo

El premio Nobel de Física, Albert Einstein (1879-1955) afirmó que "no puede resolverse un problema pensando de la misma forma que cuando fue creado". De ahí que la crisis económica actual requiera que la sociedad en general y los empresarios en particular aprendan a pensar de una manera diferente para encontrar una solución eficaz y sostenible en el medio plazo.

Éste es el campo de investigación y divulgación del doctor Edward de Bono (Malta, 1933), prolífico escritor, psicólogo por la Universidad de Oxford y reconocido experto mundial en técnicas de pensamiento creativo e innovador, como los Seis sombreros para pensar y elPensamiento lateral. Recientemente ha participado en la reunión anual de ex alumnos de EADA, donde aseguró que "el cambio climático no es la principal amenaza de la humanidad, sino la estrechez de nuestro pensamiento".

Pregunta. ¿Qué ha averiguado acerca del funcionamiento de la mente?

Respuesta. La mente humana es un instrumento complejo y muy poderoso. Si no se utiliza adecuadamente genera malestar, ineficacia y, en definitiva, resultados pésimos, tal como estamos viendo hoy en día. Se sabe que nuestro cerebro es experto en crear patrones de pensamientos rutinarios, casi mecánicos. Pero no es muy bueno cambiándolos. Por eso nos cuesta tanto gestionar las crisis, que son tan necesarias para introducir cambios y poder así evolucionar.

P. ¿Y por qué cuesta tanto cambiar?

R. Porque somos y pensamos tal y como nos han condicionado desde pequeños. Una vez conformado nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestro concepto de identidad, empezamos a pensar y a percibir la realidad de forma estandarizada y subjetiva, limitando las infinitas posibilidades que cada instante ofrece. Independientemente de lo que nos suceda, si experimentamos malestar es que nuestra interpretación del hecho en sí es limitada y, por tanto, equivocada. La negatividad es un síntoma de falta de imaginación y creatividad. No sirve absolutamente para nada.

P. Todo se reduce a una cuestión de percepción...

R. Si cambia nuestra percepción por medio del pensamiento, cambia por completo nuestra visión de la realidad. Y, como consecuencia, también cambia nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestra manera de relacionarnos con los demás y con el entorno del que todos formamos parte. Así, es imposible que cambie nuestra conducta si no cambiamos primero nuestra manera de pensar y nuestras creencias. Aunque muchos siguen aferrándose a su zona de comodidad, donde se encuentran sus viejos hábitos, algo se está cociendo lentamente en nuestra sociedad. La pregunta que uno debe hacerse es: ¿todavía no he cambiado de paradigma?

P. ¿A qué se refiere?

R. Ahora mismo, el gran reto que exige el mundo es que la humanidad cambie de paradigma, es decir, que cambie nuestra manera de ver y de interactuar con la realidad, aprendiendo a diseñar el futuro en consonancia con nuestros verdaderos valores y necesidades humanas. No podemos seguir funcionando desde nuestro egoísmo y egocentrismo. Es hora de funcionar desde el "nosotros", desde la cooperación y el altruismo, a partir de lo que podemos crear verdadero sentido a nuestra existencia.

P. Sin embargo, la crisis parece haber acentuado el miedo, la negatividad y la lucha por la supervivencia...

R. Puede ser. Pero, ¿de qué sirve temer algo que todavía no ha sucedido? ¿Qué beneficios me comporta ser negativo? Toda la energía que no destinamos a construir nos destruye. Por eso ir en contra de algo no tiene ninguna utilidad. Lo que funciona es el diseño y la creación de alternativas útiles y eficaces orientadas a la resolución de conflictos y problemas. Y no hay nada que genere mayor creatividad que ver las cosas tal como son en vez de como nos gustaría que fueran. Sin embargo, la mayoría de la población no es dueña de sí misma, de sus pensamientos, de su perspectiva. Y el cansancio derivado de su impotencia les esclaviza a reaccionar impulsiva y negativamente por pura inercia, perdiendo oportunidades para crear bienestar y valor añadido.

P. ¿Y qué ocurre dentro de las empresas?

R. Lo mismo que fuera de ellas. La gente se niega a aprender de las cosas que le va sucediendo en la vida, con lo que sigue estancada, lo que le impide crecer y mejorar. Y esto es extrapolable a las empresas. La insatisfacción de los colaboradores es sólo un indicador de que hace tiempo que las cosas tendrían que haber cambiado. Pero hasta que no cambie la mentalidad de las personas, todo permanecerá igual. Es una ley eterna e inquebrantable.

P. ¿En qué consisten sus seminarios para empresarios?

R. Simplemente dedicamos tiempo y espacio para aprender a pensar de forma consciente, lo cual es una cuestión de compromiso y entrenamiento. El objetivo es reprogramar nuestra mente con información basada en la sabiduría. Sólo así es posible cambiar nuestro sistema de creencias y, en consecuencia, empezar a interpretar la realidad de forma menos egocéntrica y mucho más objetiva, potenciando nuestro bienestar emocional y nuestro talento para la innovación y la creatividad.

P. ¿Y cómo se consigue?

R. Con esfuerzo y disciplina. De lo que se trata es de fomentar que el acto de pensar sea voluntario, consciente y sostenido, enfocándonos en todo aquello que sea positivo, creativo y constructivo. En el fondo, nadie quiere pensar de otra manera, pero se resignan por falta de competencia. Las personas más inteligentes que he conocido juegan con su pensamiento, pues son conscientes de su increíble potencial creador. Lo que usted crea es el resultado de lo usted que cree. Piense en ello.

Fuente: Diario El País
Edward de Bono en Wikipedia

viernes, 7 de noviembre de 2008

Crisis de humanidad, por Leonardo Boff

Posted: 07 Nov 2008 10:54 AM CST

La crisis económico-financiera, previsible e inevitable, remite a una crisis más profunda. Se trata de una crisis de humanidad. Faltaron rasgos de humanidad mínimos en el proyecto neoliberal y en la economía de mercado sin los cuales ninguna institución a mediano y largo plazo se mantiene en pie: la confianza y la verdad. La economía presupone la confianza de que los impulsos electrónicos que mueven los papeles y los contratos tengan lastre y no sean mera materia virtual, por lo tanto ficticia. Presupone además la verdad de que los procedimientos se hagan según reglas observadas por todos. Ocurre que en el neoliberalismo y en los mercados, especialmente a partir de la era Thatcher y Reagan, predominó la financiarización de los capitales. El capital financiero-especulativo es del orden de 167 billones de dólares, mientras que el capital real empleado en los procesos productivos gira en torno a los 48 billones de dólares anuales. Aquél deliraba especulando en las bolsas, dinero haciendo dinero, sin control, apenas regido por la voracidad del mercado. Por su naturaleza, la especulación comporta siempre alto riesgo y viene sometida a desvíos sistémicos: a la ganancia de ganar más y más por todos los medios posibles.

Los gigantes de Wall Street eran tan poderosos que impedían cualquier control, siguiendo solamente sus propias regulaciones. Contaban con informaciones anticipadas (Insider Information), las manipulaban, divulgaban rumores en los mercados, nos inducían a falsas apuestas y de ahí sacaban grandes lucros. Basta leer el libro del megaespeculador George Soros, La crisis del capitalismo, para constatarlo, pues cuenta en detalle estas maniobras que destruyen la confianza y la verdad. Ambas eran sacrificadas sistemáticamente en función del beneficio de los especuladores. Tal sistema tenía que derrumbarse un día, por ser falso y perverso, lo que de hecho ocurrió.

La estrategia inicial estadounidense era injertar mucho dinero en los «ganadores» para que la lógica continuase funcionando sin pagar nada por sus errores. Hubiera sido prolongar la agonía. Los europeos, recordando los vestigios que han quedado del humanismo de las Luces, han tenido más sabiduría. Denunciaron la falsedad, pusieron en el campo al Estado como instancia salvadora y reguladora, y en general como actor económico directo en la construcción, en la infraestructura y en los campos sensibles de la economía. Ahora no se trata de reflotar el neoliberalismo sino de inaugurar otra arquitectura económica sobre bases no ficticias. Esto quiere decir que la economía debe ser un capítulo de la política (la tesis clásica de Marx), no al servicio de la especulación sino de la producción y de la adecuada acumulación. Y la política deberá regirse por criterios éticos de transparencia, de equidad, de justa medida, de control democrático y dando especial cuidado a las condiciones ecológicas que permiten la continuidad del proyecto planetario humano.

¿Por qué la crisis actual es una crisis de humanidad? Porque subyace en ella un concepto empobrecido de ser humano que sólo considera una parte de él, su parte de ego. El ser humano está habitado por dos fuerzas cósmicas: una de autoafirmación, sin la cual desaparece. En ella predomina el ego y la competición. La segunda es de integración en un todo mayor, sin el cual también desaparece. En ella prevalece el nosotros y la cooperación. La vida sólo se desarrolla saludablemente en la medida en que se equilibra el ego con el nosotros, la competición con la cooperación. Dando rienda suelta a la competición del ego, anulando la cooperación, nacen las distorsiones que presenciamos y que han llevado a la crisis actual. Por el contrario, dando espacio sólo al nosotros sin el ego se generó el socialismo despersonalizante, y la ruina que provocó. Errores de esta gravedad, en las condiciones actuales de interdependencia de todos con todos, nos pueden liquidar. Como nunca antes tenemos que orientarnos por un concepto adecuado e integrador del ser humano, por un lado individual-personal, con derechos, y por otro social-comunitario, con límites y deberes. De no ser así, nos empantanaremos siempre en crisis, que serán menos económico-financieras y más crisis de humanidad.


Fuente: Koinonía
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño